La Rifa del Tigre


Soy Leyenda… urbana

Antenoche estaba viendo una película cuando de pronto surgió el tema –y no me acuerdo ni en qué parte ni en qué peli- de las leyendas urbanas; materia ciertamente choteada y al que todo el mundo apela: ‘No güey, eso es leyenda urbana’. Yo soy fan y recordé algunas súper chilangas que honestamente me sacaron más de una carcajada.

 

Mi favorita, de lejos, es la famosísima Rata de la Merced. Yo lo recuerdo y de verdad lloro de la felicidad.

 

Resulta que en la cañería de la Merced (inmensísimo mercado de la capital mexicana para los lectores foráneos) encontraron un enorme cuerpo cuadrúpedo con cola larga, larga y pelona; sin darle vueltas al asunto los improvisados zootecnistas, marchantes y diableros coincidieron de forma unánime: Rata.

El bicho pesaba como 50 kilos, lo que no dejaba la más mínima duda de que era una extraña mutación debido a los gases ‘mercedarios’ y alimento radioactivo con que se alimentó desde su nacimiento. Para mala fortuna de los descubridores (que ya se peleaban el nombre del hallazgo) resultó que la bestia era un león que se había escapado tiempo atrás del circo de los hermanos Fuentes Gasca (sí, en Buenavista, Buenavista, Buenavista) que encontró refugio y muerte –quien sabe cuanto tiempo después- en el drenaje de la mismísima Merced.

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‘No vayas a ese antro porque andan inyectando el SIDA’ decían las aterrorizadas madres noventeras a sus hijos cuando corrió el fuerte rumor de que algunos jóvenes infectados se tomaban la molestia de aislar al virus en jeringas y recorrer los tugurios de la ciudad inyectándoselo a gente que ni la debía ni la temía.

La onda era que se metían a los antros y al son de ‘compermisito, compermisito’ te clavaban la aguja e introducían el virus en tu torrente sanguíneo. Otras versiones más bananeras aseguraban que algún malandrín también las colocaba ‘viendo pa arriba’ en las butacas de algunos cines. Sí, el Teresa incluido.

¿Neto no te enteraste?…. se zafó un carrito de la montaña rusa.
¿¿Ay guey, te cae???… ¿tú viste?

No, pero me contaron.

Otra leyenda habla del infeliz que por puro placer se metía a las estaciones del metro a empujar a la gente. Pero mis respetos para ese señor porque además de tener unos huevos gigantes, es el más escurridizo ya que nadie nunca lo vio y, bueno, de aprenderlo ni hablar… Sigue prófugo y seguro comparte vivienda con el celebre malhechor que tiraba las botargas del Doctor Simi, al que por cierto envío mi más grande repudio ya que gracias a él ya no gozamos los chilangos del gran espectáculo callejero que representaba su curioso baile.

Y bueno, esto es hablando de leyendas urbanas ‘tangibles’ ni arrimarse al tema del chupacabras, la llorona, el bulto o la niña de Televisa

 

Afortunadamente ya tenemos videoaficionados para todo y plataformas como Youtube o MySpace en las que se puede ver todo, accidentes, fallas geológicas, exorcismos, lavados de estómago y demás, así que la regla es sencilla: Si no lo has visto es porque no ocurrió.

Por favor… yo sé que ustedes conocen muchas más… cabinas de larga distancia gratuita, dulces con vidrio molido para niños, tarjetas con LSD… ¡Venga!…¡Aporten!