La Rifa del Tigre


Servicio a la comunidad…

A la mayoría de la gente que conozco –incluyéndome, por supuesto- le ha costado un trabajo monstruoso reincorporarse a la vida cotidiana, al menos en esta ciudad que con uno que se apendeje se convierte en un absoluto pandemónium…

Hoy volvieron los niños a la escuela y como bien dice la pequeña boo, parece que son ellos los que manejan por la ciudad; no he podido sacarme de la cabeza la imagen de un bebesote con su gorrito ese de holanes  manejando una de esas inmensas camionetas que ahora tienen todas las mamás del Distrito Federal… ahhh…qué felices éramos apenas hace unas horas.

Sugerencias puntuales para superar la abrumadora depresión post vacaciones:

-Vete a tu trabajo en metro o checa la cara de todos los automovilistas para que veas que toooodo el mundo está de malas, no nada más tú

-¡Deja ya de ver las fotos!

-Evita hablar a estas alturas de tus planes de semana santa o los puentes de mayo y septiembre

(Buena noticia: Aunque el 21 de marzo es sábado, el 16 es feriado oficial)

-¡Ya deshaz tu maleta, en serio!

-Deja de hablar ya de la fiesta de navidad de tu oficina… fue hace tres semanas, ya nadie quiere hablar de ello

-Basta de la cantaleta:
‘No güey te juro que me voy a vivir a Maruata, voy a vender todo y pongo una pizzería… de este año no pasa’

-Aunque te niegues a hacerlo… Quita tu árbol de navidad… ya.

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(Ni tan) Blanca Navidad

Odiar la navidad se ha convertido en un cliché chilango de los tiempos modernos y no injustificado eh, la verdad es que –al menos en esta ciudad- cada vez es más difícil hacerla llevadera. Sobre todo cuando ¡Desde Septiembre! Las tiendas ya tienen secciones de arbolitos, ositos, santaclositos, renitos, viejitos con lentes (este personaje no lo entiendo bien pero me cae que ahí están) y villitas con nieve que parecen de la campiña suiza.

Aquí no hay nieve, solo esa asquerosa escarcha que cae en el Ajusco con las que todos los niños quieren jugar y solo acaban enlodados… ¡Acéptenlo de una vez!

Soy la persona menos religiosa que podrán conocer y más que la celebración del nacimiento de ‘ya saben quién’ me gusta que la gente esté contenta y que por un momento todo le dé igual con tal de pasarla bien con sus cuates y su familia. Pero sí señor, odio varias cosas del festejo decembrino:

-El tráfico es absolutamente insufrible a partir del 5 de diciembre (si a esto le agregamos las ‘oportunas’ obras viales que están por toda la ciudad pues la cosa empeora más o menos un 64%)

-Las compras de pánico del 23 de diciembre y 24 en la tarde

-Los que te presumen: ‘No guey, yo compré mis regalos en octubre porque había ofertas’

-Absolutamente todos los supermercados están atascados (si tienes que comprar un foco tienes que hacer cola de 1 hora)

-El turrón y la colación (Eso no tienen nada que ver con la sicosis pero me duelen los dientes después de comerlos)

-El Santa Claus de Sears (Da miedooo… )

-El intercambio de regalos en el que no te regalan lo que pediste (ah, pero es que esta lámpara te va a servir muchísimo más que tu DVD)

Me gustan: los regalos (recibirlos y darlos), la cena y las galletas que hace mi abuela son lo más glorioso del universo, los abrazos, los buenos deseos entre extraños en el elevador, que vaya muchísima gente a la alameda, la iluminación de Reforma, los brindis, la rosca de reyes, las vacaciones, la sonrisa de un chavito cuando le haces esta broma:

-¿No me da mi navidad?
-No carnalito, yo no la tengo… pídesela a esa señora